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Historia de la astrología

Los orígenes mesopotámicos: la astrología nace en Babilonia

Por Dorian Grimault, astrólogo · Publicado el · actualizado el

Fue en Mesopotamia, entre el II y el I milenio a. C., donde la astrología adquirió sus primeras formas estructuradas: los escribas babilónicos desarrollaron allí un sistema de observación del cielo destinado a iluminar el destino del rey y del reino. De esta tradición nacieron herramientas fundamentales, entre ellas el zodiaco de los doce signos, que sigues usando hoy en día. Este período constituye la base sobre la que se edificaría toda la astrología occidental posterior.

El contexto

Entre el II y el I milenio a. C., Mesopotamia, y más concretamente Babilonia, fue uno de los focos intelectuales más activos del mundo antiguo. En ese marco, la observación del cielo no era una curiosidad abstracta: se inscribía en una visión del mundo en la que los fenómenos celestes, eclipses, apariciones planetarias y posiciones de la Luna, eran percibidos como mensajes dirigidos a los soberanos y a sus reinos. Fue en el seno de los templos y los palacios donde generaciones de escribas especializados registraron metódicamente estas observaciones, construyendo de forma progresiva un corpus de saberes astronómicos y adivinatorios de una amplitud considerable.

Las aportaciones a la astrología

Los escribas mesopotámicos están en el origen de varias contribuciones decisivas. En primer lugar, elaboraron un sistema de presagios astrales de Estado: cada fenómeno celeste era interpretado como una señal relativa al rey o al destino colectivo del reino, y no como un mensaje dirigido a un individuo corriente. Durante mucho tiempo, esta astrología fue por tanto un asunto político y religioso antes que personal. En segundo lugar, hacia el siglo V a. C., la tradición babilónica formalizó el zodiaco de los doce signos, dividiendo la eclíptica en doce secciones iguales que servirían de referencia a todas las tradiciones astrológicas posteriores. También es en Babilonia donde se sitúa, hacia el 410 a. C., la primera carta natal conocida: un documento que aplica por primera vez este marco zodiacal al nacimiento de un individuo, marcando un giro hacia una astrología más personal.

Figuras y textos clave

Ningún autor identificado individualmente puede vincularse con certeza a estos descubrimientos: es una tradición de escribas anónimos, transmitida de generación en generación dentro de las instituciones eruditas babilónicas, la que constituye su fuente. El texto central de esta tradición es la gran serie Enūma Anu Enlil, una vasta colección de presagios celestes cuya redacción y compilación se extienden a lo largo de varios siglos. Este conjunto cataloga cientos de observaciones y sus interpretaciones adivinatorias vinculadas a los astros, la Luna, el Sol y los planetas visibles. Representa el monumento textual más significativo de la astrología mesopotámica y da testimonio del carácter acumulativo y colectivo de este saber.

El legado

El legado mesopotámico es verdaderamente fundacional para el conjunto de la astrología mundial. El zodiaco de los doce signos, desarrollado en Babilonia, fue transmitido a los griegos, luego a los romanos, a los árabes y, a través de ellos, a la Europa medieval y a la astrología contemporánea. La lógica de la carta natal, nacida en Babilonia hacia el siglo V a. C., se convierte en la principal herramienta de la astrología individual que el mundo occidental practicará durante milenios. Lo que encuentras hoy en un horóscopo, los doce signos, su orden, su distribución a lo largo de la eclíptica, se remonta directamente a esa base babilónica. Sin esta tradición de escribas anónimos, ni la síntesis helenística ni la astrología moderna habrían podido ver la luz bajo la forma que hoy conocemos.

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